W de Washington

[infobox bg=”turquoise” color=”black” opacity=”off” subtitle=”Beta V. Valenzuela”]W de Washington[/infobox]

En la antigua Roma, cuando alguien formaba parte de una conspiración y era descubierto la única forma que tenía de proteger el futuro de su familia era metiéndose en la bañera, cogiendo un cuchillo, abriéndose las venas y viendo cómo el agua se iba tiñendo de rojo hasta que se le cerraban los ojos. Eso fue lo que le sucedió a Frank Pentangeli después de traicionar a Michael Corleone. Trató de testificar frente al gran jurado que el pequeño de la familia Corleone era la cabeza de un imperio mafioso que se extendía por todo el país, desde Nueva York hasta Nevada, pero sólo cuando contempló a su hermano Vincenzo esperando temeroso su testimonio sentado a la derecha de Michael supo que había vuelto a perder.

Finalizado el juicio Michael regresó a su habitación en el Hotel Washington, en el 515 de la calle 15. Era un hotel lujoso situado a escasos metros de la Casa Blanca que en la actualidad, y tras sufrir una importante remodelación, ha sido rebautizado como el W Washington DC. El lobby del hotel es bastante espectacular y por él circulan congresistas, gentes de negocios y corresponsales extranjeros que huyen de la cafetería del cercano National Press Bulding. El ascensor te lleva a la planta once donde hay una espectacular terraza con vistas a la Casa Blanca donde algunos acuden a hacerse los modernos y beber cócteles. Si lo que quieres es comer lo que se lleva es “la tapa” (José Andrés ha hecho mucho daño en este país) aunque, en este país, si quieres apostar por un valor seguro es mejor lanzarse a la hamburguesa. El cheeseburger no defrauda salvo a la hora de pagar ya que te dejará con diecisiete dólares menos en el bolsillo.

Es posible que mientras te la estés comiendo veas despegar el helicóptero presidencial y que te venga a la cabeza aquella imagen de Richard Nixon haciendo un saludo de tintes nazis desde la escalerilla del helicóptero en el momento de dejar la presidencia. Yo, no puedo evitarlo, me pasé la tarde haciendo cábalas sobre la posibilidad de convertirme en la nueva Oswald ahora que se van a cumplir 50 años desde el asesinato de Kennedy y aunque, como dice Clemenza, “se puede matar a cualquiera”, no terminé de ver la cosa demasiado clara.

Podéis seguir leyendo a Beta en la revista Jotdown o en alguno de sus blogs: mi madre es idiota y El país que se nos viene.

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