Tondeluna

Para nosotras el turismo empieza y acaba en la mesa. No existe Nueva York sin la hamburguesa de Jackson Hole, donde trabajó en sus años mozos Jennifer Aniston. Sí, ya tenía ese pelazo por aquel entonces. Ni existe París sin las crêpes de Beaubourg o Roma sin el café espresso de Sant’Eustachio. Desde la semana pasada, Logroño siempre será ya la ciudad de Francis Paniego y Tondeluna. Al menos hasta que podamos visitar el Echaurren, su restaurante estrellado en Ezcaray. Palabras mayores.

Tondeluna es un espacio para la gastronomía tradicional sin mantel ni servilleta de tela. Mesas corridas de madera, grandes cristaleras y cocina abierta. La carta incluye tapas sencillas y platos tradicionales sin adornos. Una propuesta para los que quieren ir más allá de la Calle Laurel sin llegar al restaurante de 50 euros por barba.

Pimientos asados con huevo de Tondeluna en Logroño

Pimiento asado con huevo

Los platos son del norte, nada de miniaturas, por lo que el menú de 15 euros (medio entrante, medio plato y postre) puede resultar una buena opción si no eres Robin Food. En nuestro caso, nos atrevimos con el menú de 50 euros para compartir; dos entrantes fríos; la ensaladilla, el plato que menos nos gustó, deliciosa pero con demasiado vinagre y las conservas gallegas de ventresca y mejillones con tomate y pan de cristal. Le siguieron los entrantes calientes, las famosas croquetas de jamón de la madre de Francis. Tan buenas que podrían ser las de mi abuela (Mamá Toñi, las tuyas siempre son mejores) y el pimiento asado caramelizado con patatas y huevo. Nos peleamos por la última patata como tritones.

Ensaladilla de Tondeluna en Logroño

Ensaladilla rusa

Tomate y pan de cristal de Tondeluna en Logroño

Tomate con pan de cristal para acompañar las conservas

Croquetas de Tondeluna en Logroño

Croquetas de jamón

El plato fuerte fue un lomo de merluza estilo Guetaria al horno que disfrutamos por la noche en casa (es lo que tiene comer con la vista) y que no perdió un ápice de sabor a pesar del tupper y el recalentado al microondas. Se agradece encontrar cada vez más restaurantes con doggie-bag, una práctica que aún sigue despertando algún recelo en estas latitudes.

Torrija de Tondeluna en Logroño

Y no hay gloria sin postre porque, por mucho que nos llene algo salado, parece que el estómago siempre está dispuesto a dejar un hueco si hay cambio de tercio. Compartimos la torrija tostada con salsa de vainilla y helado de queso fresco. Nos faltó relamer el plato pero nos contuvimos para no hacerlo y volver con la cabeza alta en primavera. Todavía tenemos que decidir si nos apuntamos a uno de sus talleres con chefs que nos gustaría conocer, disfrutar de los menús para llevar al campo de senderismo o, simplemente, explorar el resto de una carta y una experiencia que nos dejaron con ganas de más.


Tondeluna

Muro de la Mata, 9

Logroño (La Rioja