Restaurante Lúa

Después de las salvajes comidas navideñas con su carne, su cava, su turrón y sus copazos (sin olvidarnos del roscón y el chocolate) aún tenemos ganas de probar la elasticidad de nuestro estómago. ¿Habéis oído hablar de las cabañuelas? Son esos primeros días de agosto que, al parecer, determinan el clima que tendremos durante todo el año siguiente. Por si eso funcionara en otros ámbitos, hemos empezado el año con una barra de estrella. Hace apenas un mes Lúa entró a formar parte de ese selecto club de restaurantes elegidos por el muñeco neumático de Michelin.

Verdinas del Restaurante Lúa

Nuestra visita a Lúa comienza con el vino. Sabemos que la oferta no es tan amplia como en la carta convencional pero acertamos con un Somontano (uva Chardonnay), Viñas del Vero, y un Albariño, Kentia, de esos que dan alegría con pocos sorbos. Por 9 euros la botella, nos parece una referencia interesante para las cenas con amigos.

La carta de la barra tiene posibilidad de medias raciones y aprovechamos para compartir. Primero, un salmón con miso y crujiente. El pescado estaba bien de punto pero el plato es un poco simple en su conjunto; al crujiente le falta sabor y su textura resulta más “gomosa” de lo esperado. Seguimos con el pulpo a feira. De un gallego militante como Manuel Domínguez esperamos que borde un plato de su tierra y damos fe de que lo consigue.

Pulpo del restaurante Lúa

Después, pedimos un bacalao al pil pil de cítricos. De nuevo, la materia prima al punto con el pil pil y la ralladura de mandarina y lima muy refrescantes. En conjunto, el resultado es un plato correcto. Suena de fondo La bien querida y, aunque de momento falta para que llegue abril, esta banda sonora nos recuerda a Silvia, a sus Caminos de Santiago y sus ganas de explorar el mundo. De golpe, se nos olvida el estrés navideño en un local que invita al descanso y a la morriña gastronómica. La madera y la luz natural que entra por las ventanas le dan un aire acogedor a una sala donde se combinan la propia barra con mesas altas y bajas.

Bacalao al pilpil de cítricos del restaurante Lúa

Por último, nos atrevemos con unas verdinas con carabinero y almeja. ¿Quién dijo que la cuchara tiene que ser el primer plato? Descubrimos un guiso sabroso con un fondo de carabinero y pimentón de locura. Esperamos que sigan apostando por la cuchara en el futuro y gane espacio en su carta. Ya nos han contado que los callos con garbanzos son otro plato imprescindible.

Verdinas del restaurante Lúa

Nos ofrecen el postre del menú degustación y somos incapaces de rechazar ese brownie con helado de vainilla, espuma de turrón y ralladura de trufa. De nuevo, aparece también la ralladura de lima que, en este caso, aporta un toque de ligereza a un postre que suele ser pesado sobre el papel. Se une a las verdinas como plato preferido de la comida.

Brownie del Restaurante Lúa

Dado que estamos en barra y no hemos probado el menú degustación, creemos que es una barra recomendable. Si estuviéramos en la mesa de abajo quizá nos parecería insuficiente. De hecho, las barras que arriesgan como las de TriCiclo o las raciones de Bacira nos suelen conquistar más.

Lo mejor: las verdinas, el postre, los precios contenidos en las medias raciones y que es posible reservar en barra.

Lo peor: el café no está a la altura. No nos cansamos de repetirlo pero es un elemento más de la comida que hay que cuidar, como se hace con los postres o los aperitivos.


Lúa

C/ Eduardo Dato, 5

http://restaurantelua.com