La Escuela

Esta semana ha vuelto a las pantallas Masterchef, un reality edulcorado donde los concursantes luchan por demostrar su excelencia en la cocina. Parece que este tipo de formato, lejos de desaparecer, ha renacido de sus cenizas después de reinventarse. Hace más de una década nos tragamos la realidad en estado puro en casas a medida, islas caribeñas, poblados africanos, escenarios, escuelas de baile y hasta autobuses. Parecía que no quedaba más por rascar, pero los fogones tienen más chicha que una de esas cocinas infernales que visita Chicote.

aperitivo bilbaíno

En nuestro reciente viaje a Bilbao quisimos sentirnos jurado de Masterchef por un día. Nos faltó el buche lleno de Pepe, la billetera de Samantha Vallejo-Nájera y el cuello de piloto de Fórmula 1 de Jordi, pero compensamos con nuestras ganas de descubrir un sitio diferente. En un día gris y lluvioso en el que la ciudad despedía a su alcalde, el mejor del mundo, decidimos encajarnos en La Escuela, el restaurante de los alumnos de la Escuela de hostelería de Artxanda. Lo que nos vendieron como paseíto de 5 minutos se convirtió en varios kilómetros de caminata bajo paraguas a punto de resquebrajarse por monte, camino y carretera comarcal. Todo muy bucólico, todo muy al borde la pulmonía primaveral.

bacalao a la vizcaína

Ya en lo alto y con los calcetines para escurrir, disfrutamos de las vistas espectaculares de la ciudad y pedimos el menú del día para probar un poco de todo. El servicio fue tan atento (recogida de migas de la mesa incluida) como despistado, aunque eso es algo que se cura cuando se tranquilizan las hormonas. Para entrar en materia y saciar el hambre que nos había dado el paseo de casi una hora, pedimos como primero la parrillada de verduras y la ensalada de pato con mango. Gracias a este último plato descubrimos la combinación estrella de mango, tomate y vinagre de Módena que reciclamos para nuestra Hamburguesa lideresa.

En cuanto a los segundos, fuimos más conservadoras y optamos por el bacalao a la vizcaína y el filete con patatas fritas. Ambos nos dejaron un poco decepcionadas: a la salsa del pescado le faltaba experiencia y las patatas eran demasiado grandes e insípidas. Sin duda, hace falta un buen maestro que imparta una masterclass sobre el arte de freír patatas. No es tan fácil como parece.

parrillada de verduras

El pan y los postres no ayudaron a mejorar la impresión de los segundos. Bollitos normales, con ajo o cereales y varias opciones para los más golosos. Pedimos unos canutillos con crema y la tarta de queso. A pesar de no coincidir mucho con nuestro esquema mental, el sabor de los canutillos se parecía sorprendentemente a las típicas roscas fritas con azúcar (y un ligero toque de chocolate). En definitiva, fue una experiencia distinta que nos gustó probar pero esperaremos a que se nos pase el resfriado para volver por tierras vascas.

canutillos de cream

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Restaurante La Escuela

Carretera de Enekuri a Artxanda, km. 3 (Bilbao)

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