La Contraseña

Puente de mayo. Madrid desierto y nuestra primera opción, la tortilla del Sylkar, con el cierre echado. No son las mejores condiciones para conocer un restaurante de moda pero nos plantamos en la puerta de La Contraseña con muchas expectativas.

El local que da a Ponzano es una barra abierta que esconde una sala maravillosa. Un espacio con distintos niveles, entradas de luz, plantas e, incluso, el rumor del agua. Revisamos la carta, algunas opciones para compartir, una colección de segundos platos variados y algunos postres con nombres curiosos. Pedimos unos tallarines y el salmón a la brasa en cama de pimientos amarillos.

mesa en La Contraseña Madrid

mesa en la Contraseña en Madrid

Desgraciadamente, la decoración no se come.  El pan era absolutamente lamentable, pura goma precalentada. No te lo cobran pero preferiríamos pagar y comer pan de verdad. Los tallarines con verdura y pollo estaban pasados y solo sabían a brasa. Probablemente han seguido la misma técnica de elaboración que en el bar de mi pueblo, donde los gofres y el bacon comparten plancha. El salmón, sin embargo, estaba en su punto y muy bien acompañado por la salsa de pimientos y unas cebollas dulces. El único pero es que era una pieza demasiado pequeña para estar tan cerca de los 2o euros. El café, como el pan, fue decepcionante; hace tiempo que ha pasado a ser parte esencial de una comida y merece el mismo cuidado que cualquier plato de carta.

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Llegamos a la conclusión de que la carta de La Contraseña es como una ruleta rusa; nosotras salimos perdiendo por puntos. Probablemente volveremos para darle una oportunidad a otros platos tan sugerentes como los rollitos crujientes de capón gallego, el tataki de atún o el brownie en maceta. Os lo contaremos…

 


La Contraseña

Calle Ponzano, 6

 

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