La Casa Tomada

En “La casa tomada”, el cuento de Cortázar, dos hermanos sienten cómo su amada casa va siendo ocupada poco a poco por unos extraños a los que nunca llegan a ver, hasta que un día no les queda más opción que abandonarla porque ha sido invadida del todo. Los dueños de este local “tomaron” parte del hogar materno en Venezuela para iniciar su negocio de bocadillos de autor años antes de trasladarse a Madrid.

Teriyaki La casa tomada

Bocadillos gourmet hechos con mucho arte y buena materia prima. Este fue el interesante y apetecible punto de partida de una invitación a comer un día de primavera en La Casa Tomada, en pleno barrio de Chueca. Además, con el aliciente de retratar la experiencia en Comideando como primera incursión en la esfera gastronómica. La respuesta estaba clara: “¡allá vamos!”. La única premisa que nos dieron antes de acudir a la cita es que fuésemos con hambre. Más adelante, los botones de nuestros vaqueros comprobarían el porqué.

Nada más llegar allí, nos enteramos de que la casa apuesta por cervezas artesana. Tomarse una buena birra para acompañar un bocata siempre parece una buena elección. Aun siendo más de vino, nos decantamos por una Espiga, una pale ale bastante redonda, y La Cibeles Uva, una curiosa mezcla entre cerveza y ¿mosto?

Cervezas artesanas

Una vez saciada la sed, sólo quedaba comenzar con los platos fuertes del festín, porque sí, aquí, hasta los entrantes son cañeros. Por recomendación de nuestra anfitriona, en pedimos unas pulled pork fries, patatas fritas con carne de cerdo asada y deshilachada, guacamole casero, pico de gallo y salsa barbacoa. Sin duda, una mezcla deliciosa y refrescante gracias al guacamole, aunque no tan adictiva como las chili cheese fries que comimos a continuación. Patatas fritas, chili con carne, queso Cheddar fundido, jalapeños, cebolla morada, cilantro, bacon y un huevo frito son los ingredientes del plato estrella de La Casa Tomada. Después de degustarlas, comprendimos por qué, pues son una bomba en la boca que no puedes dejar de comer hasta terminar con el cuenco, como le gustaría a tu abuela.

A pesar de que con los entrantes ya habríamos tenido más que de sobra, no podíamos irnos sin hincarle el diente a uno de los diecisiete generosos bocadillos que tienen, así que elegimos El Granjero Loco, “un regalo a los más gorditos”, según reza la carta, y un Teriyaki de ternera. El primero se compone de pechugas de pollo empanadas, queso Cheddar y Gouda, bacon, lechuga y alfalfa, -todo por partida doble, que ya se sabe que dos mejor que uno- y salsa tártara. El segundo, perteneciente a la categoría de bocadillos “más ligeros”, de tiras marinadas en salsa de soja salteadas con pimientos y cebolla, sésamo, cilantro, cebollino y salsa teriyaki. Fuimos incapaces de acabarlos debido a su tamaño, pero estaban realmente ricos.

Granjero de pollo

El local, que abrió a finales de 2015, es pequeño, luminoso y moderno, pero con cierto aire retro que sugiere muy sutilmente un viaje a la costa californiana de los sesenta. La banda sonora, muy presente a lo largo de la comida con hits de la época, y los cuadros colgados de la pared -además de restaurante, también es galería de arte- contribuyeron alegremente a que la experiencia culinaria aún ganara más puntos. Además, los precios son bastante razonables. Seguramente, los hermanos del cuento habrían cambiado de opinión respecto a los invasores de su casa si estos les hubiesen deleitado con unas chili cheese fries. Desde luego, siendo así, yo estaría encantada de que tomaran la mía de vez en cuando.

Lo mejor: la relación calidad precio de la carta, el ambiente del local, el servicio y que te ponen para llevar lo que sobra. Si los bocadillos están ricos allí, en casa incluso saben mejor.

Lo peor: aunque la carta es completa, se echa de menos algunos un poco más ligeros y más variedad para vegetarianos, pues sólo hay uno para ellos, el de falafel. Para ser un local de bocadillos bien puestos, el pan es muy mejorable.


La casa tomada

Calle San Lorenzo, 9

Chueca – Madrid