Comer en Islandia: una aventura gastronómica

Islandia no aparece como destino gastronómico en ninguna guía turística. Con una superficie de territorio cultivable que no llega al 1% y casi toda la fruta importada del sur de Europa y América Latina, cuesta ponerse sibarita en el país del hielo y el fuego. Aquí va nuestra experiencia veraniega y algún que otro dato curioso.

Comer en Islandia: perritos, skyr y langosta

El hot dog es el rey de la comida callejera a falta de competencia. Además, del más turístico Baejarins Beztu Pylsur de Reykjavik, encontraréis variedades de distintas regiones. Nos gustó más el norteño en la ciudad de Akureyri. Añaden remolacha y cangrejo al clásico de cebolla frita, cebolla morada cruda, mostaza islandesa, ketchup y remoulade, un tipo de mahonesa en escabeche.

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Ni yogur, ni queso; los islandeses no pueden vivir sin su skyr, un fermentado que dicen que llegó a Islandia con los vikingos  hace más de 1000 años. Ahora además del clásico, los elaboran de todo tipo de sabores,  el de vainilla y chocolate es una golosina sana.

Vamos  a ser sinceras. El café de especialidad en Islandia nos ha decepcionado un poco. Visitamos los dos locales de Reykjavik Roasters, Pallet Kaffee de camino al aeropuerto y una de las cafeterías de Te & Kaffi, más parecida a una franquicia reinventada. En general nos sirvieron cafés muy planos con leche maltratada; fue toda una sorpresa que usaran UHT en vez de fresca. También echamos de menos el componente social que nosotros asociamos a compartir una charla con alguien en torno a una taza de café.

En el resto del país mucho café de filtro, que también se puede hacer muy mal si la materia prima no es de calidad (color marrón oscuro casi negro). En España el nivel del café de especialidad está muy por encima.

El punto de encuentro gastronómico en una ruta por la Ring Road o carretera de circunvalación que rodea la isla son las estaciones de servicio. Muchas incluyen buffet, dulces y bebidas. Las gasolineras, sus tiendas y las máquinas expendedoras os salvarán la vida en más de una ocasión… a precio de oro y con sopa de cordero por todas partes. Recomendamos parar en Girabakari Kaffihus, en Borgarnes.

Dormir en una granja ha sido uno de los mejores momentos de nuestra aventura en Islandia. Si, además, el desayuno es un festín con tortitas recién hechas con mermelada casera de ruibarbo y frutos rojos, fritatta de verduras, tomate cherry del invernadero y huevos de corral, la experiencia se convierte en nuestra recomendación más entusiasta. Ondolfsstadir Farm en Laugar tiene todo eso, caballos, perros simpáticos y un jacuzzi geotermal al aire libre. Si pasáis por allí, saludad a Abba, la dueña y cocinera.

Höfn es una localidad costera a medio camino entre Vatnajökull y los fiordos del este. Reservad un rato para pasear por el puerto y probar el sándwich de langosta de la zona. Una delicia bañada en salsa secreta de la casa en un ambiente de lo más auténtico. Después, cruzad la calle para subir al barco abandonado ideal para desatar los instintos instagrameros. ¡Lo descubrimos gracias a unas blogueras de moda chinas!

Como siempre, pasamos por tiendas, mercados y supermercados (Bonus, Netto). Más baratos los primeros, aunque los Netto suelen ser más grandes. Nuestra recomendación es parar en los Netto de mayor tamaño que pilles por el camino y en todas las gasolineras, aunque aún tengas depósito lleno.

No podemos despedirnos sin mencionar el apartado dulce del viaje. En Braud od Co hemos probado los mejores rollitos de canela que conocemos. Esponjosos, delicados y de dulzor equilibrado. De vainilla, frutos rojos y regaliz o caramelo. El pan de masa madre también podía comerse a bocados. Otro postre típico son los kleinur, de sabor parecido a las rosquillas, aunque algo más grasos.

Aviso para navegantes: el alcohol solo se puede comprar en el avión, en el aeropuerto o en tiendas autorizadas, establecimientos gestionados por el gobierno (muchas cierran los domingos). Consumen una bebida local a base de malta sin alcohol y es fácil encontrar kombucha de mil sabores en cualquier supermercado remoto. En el aeropuerto se puede comprar salmón ahumado a buen precio, también la mostaza especial para perritos y algunos dulces y cervezas locales. ¡Buen viaje!