Celso y Manolo

Celso y Manolo fueron dos emigrantes de esa España que estaba a punto de despertar del letargo. No se fueron a Alemania, pero el viaje de Asturias a Madrid no era muy diferente en 1965. Manolo tenía 16 años la primera vez que entró en el local que regentó durante 50 años. Cuentan aquí que una vez al mes se daba el lujo de acercarse a La Carmencita y comerse un plato de judías de las que te dejan sin riego. Así se inició una amistad que ha hecho posible que el trabajo de los hermanos Argüelles no acabe bajo hornos de pizza recalentada de la que solo entra a las 3 de la mañana.

Teníamos tantas ganas de ir que le reservamos el día de cumpleaños de medio Comideando. Las ñoras, las cabezas de toro de mimbre, la barra de mármol de ocho metros y cierta oscuridad, la justa, nos hablan de ese pasado. La comida es un repaso por los mejores platos de la cocina tradicional española. De la ensaladilla al tomate de la huerta, pasando por los arroces, la carne o la selección de conservas y quesos.

La taberna de la barra de mármol

En Celso y Manolo se viene a compartir. Por eso, pedimos la ensaladilla, que sirven en cuatro variedades, un poco de jamón ibérico (antojo de la cumpleañera), las verduritas de la pera limonera (¡que lo eran!) y el bacalao ajoarriero servido en cocotte. La ensaladilla, sobresaliente, blandita, suave y con la patata muy machacada. Le añaden una pizca de pimiento en polvo y tomate seco como seña personal. El jamón no nos emocionó porque nuestro listón ibérico es demasiado alto (ojo, tampoco era plasticoso, ni mucho menos). Las verduritas sabían a huerta y a pueblo, y el bacalao nos dejó tan buen sabor de boca que volveremos solo para pedirlo otra vez y no compartir.

Bacalao ajorriero en Celso y Manolo en Madrid

       Bacalao ajoarriero

Ensaladilla de Celso y Manolo en Madrid

Ensaladilla rusa

Jamón ibérico en Celso y Manolo en Madrid

Jamón ibérico

Verduras a la parrilla en Celso y Manolo en Madrid

Verduras de la pera limonera

Nunca probamos la tortilla de aquel Restaurante Argüelles pero es fácil recrear el ambiente de pincho y alegría después de una dura jornada de trabajo en esa Gran Vía madrileña. Definitivamente, Celso y Manolo es una taberna con alma en la que se come muy bien.

Lo mejor: el bacalao, el pan que llegó recién hecho a la mesa, el trato.

Lo peor: no hay postres 🙁 pero nosotras lo solucionamos haciendo una visita a los chicos de Mistura.


 

Celso y Manolo

C/Libertad, 1