Antojo

tapas, Sevilla, Antojo

Este año hemos ido a nuestro primer EBE, el evento de tocateclas más famoso de España y parte del extranjero. Las ponencias han estado bien, pero todo el mundo sabe que a estos saraos se va a comer y a beber. Y nosotras nos pusimos a ello con ganas.

Antojo: un buen sitio para comer en Sevilla

Hacía un día de perros pero nos plantamos en La Alameda temprano y con hambre; no tardamos en decidirnos por el Antojo. No solo se come muy bien; además, es un sitio bonito en el que apetece pasarse unas horas de conversación o lectura. El local pertenece a un grupo que también cuenta con La niña bonita, Nikkei y La abacería. Antojo es un sitio moderno (no hay dos sillas iguales, decoración con aire retro, camareros simpáticos…) sin caer en lo hipster ni en la nueva cocina de diseño y poco alimento. La carta es corta pero no se echa nada de menos, especialmente cuando empiezas a probar lo que ofrecen.

Mesa redonda en el restaurante Antojo de Sevilla

Primero, pedimos una ensalada César para compartir. Era enorme, tanto que el concepto “como una plaza de toros” se inventó para casos como este. Después, nos atrevimos con las lagrimitas de pollo con salsa barbacoa, las croquetas caseras de jamón y una ración de queso. No necesitamos mucho para convertirnos en fans absolutas del queso payoyo, un tesoro gaditano poco conocido, con mucho sabor y cremoso, que se presenta con diferentes confituras artesanas. La mezcla es deliciosa.

Queso Payoyo en Antojo Sevilla

Lagrimitas de pollo con salsa barbacoa en Antojo Sevilla

Y lo mejor para el final. Una tarta clásica, la de galletas, natillas y chocolate pero revisada para convertirla en un postre cuidado. La foto habla por sí misma.

Cuando un sitio nos gusta siempre repetimos. Así que, el último día en Sevilla nos levantamos con antojo y volvimos a la hora del almuerzo para repetir con alguno de los platos (queso y tarta no faltaron) y probar el carbón de bacalao.

¡El Antojo bien vale un EBE!

Lo mejor: precio, servicio atento y rápido, carta variada e ingredientes de calidad, decoración, vinos.

Lo peor: difícil encontrar sitio en ciertos momentos.

 

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