Alabaster

Desde hace un par de años las grandes alegrías que hemos vivido en una mesa venían de Galicia. Y, como cumplir años requiere de una dosis extra de serotonina, nos hemos venido a Alabaster, una versión mesetaria del afamado restaurante Alborada de A Coruña. Reservamos en barra, que tenemos 33 años y aún hay que fingir que los manteles de 200 gramos de grosor nos dan alergia. El espacio es frío pero se compensa con un servicio de sala atento y cordial, aunque se nota que el cliente habitual tiene un perfil más mayor porque el trato resulta afable pero demasiado formal.

Alabaster y su militancia atlántica

Para beber, dos copas: tinto de Mencía Finca Cuarta (D.O. Riberia Sacra) y blanco Montenovo de uva Godello, que acompañaron dos medias raciones para compartir. Echamos de menos algo de asesoramiento con la carta de vinos, que nos sorprende por lo completa que es. Incluye generosos, cava, champán y vinos internacionales.

Albóndigas de pintada en Alabaster Madrid

De primero, tosta de sardinas ahumadas y bum!, placer que pone el listón muy alto para el resto de platos. El queso de Arzúa remata sin quitar sabor. Seguimos con unas albóndigas de pintada con salsa de maíz y nuez de macadamia. Sabrosas pero quizá el plato menos repetible de los que pedimos.

Nos ponemos serias con las fabes con codorniz escabechada que encontramos fuera de carta. Si se le puede poner un pero es que el vinagre del escabeche es demasiado protagonista en un plato donde la legumbre merece brillar. Rematamos con el pescado, una merluza de pincho con espinacas asadas y ali oli suave de lima limón. Una comunión perfecta que lo convierte en un bocado delicado y fresco.

Sabes con codorniz en Alabaster Madrid

merluza en Alabaster Madrid

Siempre, siempre, dejamos hueco para el postre y esta vez acertamos como nunca con la milhojas con frutos rojos. La textura de las láminas y el sabor de la crema son dignos de premio.

Milhojas con frutos del bosque en Alabaster Madrid

Lo mejor: las sardinas y la merluza, opción de medias raciones en barra y una carta de vinos bien escogida. Nota también para el pan que, según nos explican, hacen ellos mismos con agua de mar.

Lo peor: espacio frío, varios platos con precios algo altos. Si sabes elegir, la cuenta puede quedarse en un precio interesante.


Alabaster

C/Montalbán, 9

Madrid